Perderse y reencontrarse en Malasaña
13-06-2006 00:15:07
Estaba cansada del juego de las sonrisas de quita y pon, de la amabilidad fingida, de conversaciones planas, el pan nuestro de cada día. Así que cogió la puerta y se largó, sin más y sin dar explicaciones. No tenía muy claro el qué hacer en las horas siguientes, pero sus pasos le llevaron, como siempre, al barrio de Malasaña.
Perdida en el laberinto de calles, alimentó sus cinco sentidos para olvidarse del problema principal. Entró en algunas tiendas y, cuando se cansó, se acercó al pequeño café al que solía ir de vez en cuando con la gente de la facultad. Pidió un café solo con hielo y se puso a leer.
Le gustaba estar sola de vez en cuando. A veces, llegaba a necesitarlo de la misma manera que se necesita respirar. Pero hacía mucho tiempo que no salía a buscar la soledad de las calles abarrotadas de Madrid. Entonces pensó que hay quien dice que la soledad buscada no es soledad. Reconoció que eso era en parte cierto: sabía muy bien que había una soledad verdadera debajo de esa capa del "estar sola" que se había impuesto. A la de verdad también la conocía muy bien. Esa no estaba en las tardes deambulando por la ciudad, ni en la cama de su habitación donde se tumbaba a leer, ni siquiera en sus auriculares cuando se aislaba del mundo de la mano de la musica atronadora. La verdadera soledad, la que carcome el alma humana y la deja desnuda y agonizante, la encontraba siempre en el salón de su casa a la hora de comer, o caminando dos pasos por detrás de la gente que le acompañaba. La verdadera soledad siempre la encontraba acompañada.
Dió un sorbo al café y mordisqueó uno de los hielos antes de meterlo entero en la boca. No le gustaba su vida. Sentía que perdía el tiempo y que andaba por caminos equivocados. Dos caminos se habían ante mí en el bosque y yo tomé el menos transitado de los dos. A veces los caminos se entrecruzaban y los que habían elegido la paz del camino abandonado llegaban a arrepentirse de ver el mundo desde el otro lado.
Uno de los camareros abrió las puertas de par y en par y miró a la calle. La felicidad tenía que estar en otra parte. A un par de años, a un par de manzanas, al otro lado del mundo. Mientras tanto, volvería a casa a encerrarse a leer en su cuarto, para no sentirse sola.
Perdida en el laberinto de calles, alimentó sus cinco sentidos para olvidarse del problema principal. Entró en algunas tiendas y, cuando se cansó, se acercó al pequeño café al que solía ir de vez en cuando con la gente de la facultad. Pidió un café solo con hielo y se puso a leer.
Le gustaba estar sola de vez en cuando. A veces, llegaba a necesitarlo de la misma manera que se necesita respirar. Pero hacía mucho tiempo que no salía a buscar la soledad de las calles abarrotadas de Madrid. Entonces pensó que hay quien dice que la soledad buscada no es soledad. Reconoció que eso era en parte cierto: sabía muy bien que había una soledad verdadera debajo de esa capa del "estar sola" que se había impuesto. A la de verdad también la conocía muy bien. Esa no estaba en las tardes deambulando por la ciudad, ni en la cama de su habitación donde se tumbaba a leer, ni siquiera en sus auriculares cuando se aislaba del mundo de la mano de la musica atronadora. La verdadera soledad, la que carcome el alma humana y la deja desnuda y agonizante, la encontraba siempre en el salón de su casa a la hora de comer, o caminando dos pasos por detrás de la gente que le acompañaba. La verdadera soledad siempre la encontraba acompañada.
Dió un sorbo al café y mordisqueó uno de los hielos antes de meterlo entero en la boca. No le gustaba su vida. Sentía que perdía el tiempo y que andaba por caminos equivocados. Dos caminos se habían ante mí en el bosque y yo tomé el menos transitado de los dos. A veces los caminos se entrecruzaban y los que habían elegido la paz del camino abandonado llegaban a arrepentirse de ver el mundo desde el otro lado.
Uno de los camareros abrió las puertas de par y en par y miró a la calle. La felicidad tenía que estar en otra parte. A un par de años, a un par de manzanas, al otro lado del mundo. Mientras tanto, volvería a casa a encerrarse a leer en su cuarto, para no sentirse sola.
Categoría: Relatos 6 Comentario(s) & 0 Referencia(s)
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Comentario hecho por ricardo, el día 13-06-2006 13:04:16h.
Comentario hecho por ricardo, el día 13-06-2006 13:04:25h.
Comentario hecho por Fool_On_The_Hill, el día 13-06-2006 13:57:18h.
Comentario hecho por mara, el día 14-06-2006 13:53:37h.
Comentario hecho por puccah, el día 17-06-2006 15:08:20h.
Comentario hecho por Anchelote, el día 18-06-2006 00:15:11h.
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