El cruce de dos sueños recurrentes
08-08-2005 11:40:39
Camino cerca de la orilla. Hay tanta niebla que apenas puedo ver a diez metros de donde me encuentro. Y es maravilloso. Es como si un enorme mosquitero tapase todo lo que carece de importancia ahora; lo que está demasiado alejado; lo que sólo puedo ver, pero no alcanzar. Y es una ayuda porque así lo, de momento, imposible no me distrae de todo lo demás que está al alcance de mi mano.
Hace frio. Mi respiración se escapa en pequeñas nubes que se deshacen frente a mis ojos. Me encanta esa sensación: notar toda la humedad del aire en mis pulmones, sobre mi piel, estrecemerme de frio debajo del abrigo, el paisaje verde, la niebla y el agua tranquila. Tal vez se deba a que ante todo soy y seré norteña. Tal vez se deba a que hace unos años me enamoré de Irlanda y de las tierras de Escocia. Pero ahora estoy bien, me siento tranquila y en paz.
Camino por un páramo cuya inmensidad se pierde más alla de mi mosquitero. No la veo, pero sé que está allí y eso es suficiente. De momento me conformo con bordear el lago de agua transparente. Y veo el fondo y el cielo en el reflejo de la superficie. Veo todo el mundo en un sólo golpe de vista.
No me siento sóla, ni abrumada, ni triste. Tal vez nostálgica. Porque sé que en algún momento despertaré y la niebla, el agua, la orilla y el frio desaparecerán hasta que de nuevo vuelva a mí este sueño recurrente. Trato de no pensar y aprovecho ese instante de plenitud, de reconciliación con el mundo. Miró el agua y pienso que sería un buen lugar para dejar que se hundiesen nuestras almas.
Y sigo a vanzando y veo un cementerio, al borde de la orilla. Sé que no tiene sentido, pero al fin y al cabo todo es una alucinación. Es uno de esos cementerios celtas, con cruces de piedra que superan mi altura. Me encantaban, podía pasarme horas paseando por ellos leyendo las inscripciones. Allí veo dos lápidas más pequeñas frente a las que me arrodillo. Las miro. Leo esos nombres. Y nacen las lágrimas que resbalan por mis mejillas.
Y es triste porque aquí se acaba todo. Y yo no quiero despertarme.
Hace frio. Mi respiración se escapa en pequeñas nubes que se deshacen frente a mis ojos. Me encanta esa sensación: notar toda la humedad del aire en mis pulmones, sobre mi piel, estrecemerme de frio debajo del abrigo, el paisaje verde, la niebla y el agua tranquila. Tal vez se deba a que ante todo soy y seré norteña. Tal vez se deba a que hace unos años me enamoré de Irlanda y de las tierras de Escocia. Pero ahora estoy bien, me siento tranquila y en paz.
Camino por un páramo cuya inmensidad se pierde más alla de mi mosquitero. No la veo, pero sé que está allí y eso es suficiente. De momento me conformo con bordear el lago de agua transparente. Y veo el fondo y el cielo en el reflejo de la superficie. Veo todo el mundo en un sólo golpe de vista.
No me siento sóla, ni abrumada, ni triste. Tal vez nostálgica. Porque sé que en algún momento despertaré y la niebla, el agua, la orilla y el frio desaparecerán hasta que de nuevo vuelva a mí este sueño recurrente. Trato de no pensar y aprovecho ese instante de plenitud, de reconciliación con el mundo. Miró el agua y pienso que sería un buen lugar para dejar que se hundiesen nuestras almas.
Y sigo a vanzando y veo un cementerio, al borde de la orilla. Sé que no tiene sentido, pero al fin y al cabo todo es una alucinación. Es uno de esos cementerios celtas, con cruces de piedra que superan mi altura. Me encantaban, podía pasarme horas paseando por ellos leyendo las inscripciones. Allí veo dos lápidas más pequeñas frente a las que me arrodillo. Las miro. Leo esos nombres. Y nacen las lágrimas que resbalan por mis mejillas.
Y es triste porque aquí se acaba todo. Y yo no quiero despertarme.
Categoría: Relatos 2 Comentario(s) & 0 Referencia(s)
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Comentarios
Comentario hecho por mara, el día 08-08-2005 13:21:47h.
Bueno, Madrid es otro de mis sueños recurrentes desde q tengo 10 años. así que simplemente espero q nunca deje de gustarme. Pero llevo el norte en las venas. El paisaje de bosque verde en las retinas. Y cuanto más al norte llego, más magia encuentro en el aire.
Hay veces , cuando llueve en Madrid, q abro la ventana y olfateo. Y siempre pienso que huele a mi casa.
Hay veces , cuando llueve en Madrid, q abro la ventana y olfateo. Y siempre pienso que huele a mi casa.
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Tranquila tu sueño no parece tan neurotico como el mio...ya sabes, yo y los lagos profundos.
tienes un blog precioso